Lo que vale un campesino en tiempos de Covid19

Por VIVIENDO SANTA ELENA*
Nunca antes se había valorado tanto un campesino, al menos en Colombia. La crisis de desabastecimiento producido en el país a partir de la llegada del Covid19 o Coronavirus y el confinamiento obligado de toda la población, así como el cese de actividades en todos los sectores económicos, ha hecho que las miradas confluyan de nuevo en el campo. Y es que el cierre de todos los establecimientos de comercio, la imposibilidad de vender en los mercados campesinos, ferias y abastos locales o en las centrales mayoristas, ha hecho que nuestros agricultores, al verse impedidos para movilizarse con sus productos, hayan tenido que buscar nuevas formas de comercialización, más directas, sin intermediarios y en los mismos corregimientos.
Un resurgimiento o renovación de las ideas de compra local ha empezado a reactivarse y a generar corrientes económicas de adquisición de productos a los campesinos por parte de los mismos habitantes. ¿Qué mejor que comprar verduras frescas, cultivadas en mi vereda o en mi corregimiento, en algunos casos de manera orgánica y en cuyo intercambio también es posible apoyar a labor de un campesino de la región? Pues eso es lo que se ha venido moviendo en tiempos de Covid19 o Coronavirus en Santa Elena y en otros corregimientos de la ciudad, donde los pobladores han entendido que existen ventajas al comprar de manera local al vecino que es agricultor, pues esto representa ahorro en pesos y también satisfacción con la clase de productos que se pueden encontrar. Aunque muchas personas crean que ya no hay cultivos, lo sorprendente es que aún hay muchas personas del territorio cultivando de manera constante todo tipo de verduras y frutas, aún con muchas falencias en mecanismos de comercialización, pero con variedad de productos al alcance de la mano y con muy buenos precios debido a la eliminación del intermediario.

Imagen recibida vía WhatsApp, sin fuente.

Abandono
Sin embargo, la historia no es del todo feliz. Antes de esta crisis, el sector agrícola de la ciudad era el más abandonado de planes y proyectos municipales. A duras penas, la Administración Municipal se acuerda de que tiene cinco corregimientos, su zona rural, que ocupa el 71% del territorio de todo el municipio en su jurisdicción. A pesar de ser el 71% del ‘mapa’ de Medellín, la ruralidad ha tenido años de abandono estatal y la brecha, es decir la calidad de vida que falta a nuestro campo, no disminuye, sino que crece. Eso es lo que los expertos llaman deuda social, lo cual se manifiesta en las condiciones de calidad de vida y hay muchas diferencias entre las de las comunas de mayor nivel con las más bajas.
Para la ruralidad de Medellín la calidad de vida es la más baja de toda la ciudad, sólo un poquito por encima de las de la Comuna 1 – Popular. Para hacerse a una idea, el Índice Multidimensional de Calidad de Vida de Medellín, en general, es de 48,28 para la zona urbana, para la zona rural es de 41,79, según cifras de 2018. El de la Comuna 1, el más bajo de la ciudad, es de 33,97 y el de corregimientos como San Sebastián de Palmitas es de 37,09. El de Santa Elena es de 39,50, similar a los de las comunas 6 – Doce de Octubre (39,99) y 8 – Villahermosa (38,41). (Índice Multidimensional de Calidad de Vida, Departamento Administrativo de Planeación, 2018).
Eso significa que Santa Elena está aún lejos de alcanzar esos índices de calidad de vida que tiene la ciudad, para lo cual faltan mejores condiciones en estos aspectos que la componen: entorno y calidad de la vivienda, acceso a servicios públicos, medio ambiente, escolaridad y deserción, salud, trabajo, recreación e ingresos.

Mapa de Medellín. Los cinco territorios que están en color son los corregimientos y representan el 71% del territorio de la ciudad. Mapa Cortesía Alcaldía de Medellín.
Imagen cortesía Alcaldía de Medellín.

Pocos recursos
Con esta emergencia, salió a la luz cuánto se necesitan los campesinos de Medellín. Antes de la contingencia, los agricultores de los corregimientos proveían apenas el 3% del alimento total de la ciudad, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO. Todo lo demás, o sea el 97%, venía de otras regiones del departamento, del país, e incluso del exterior. El tema de los floricultores es diferente, pues a gran escala las flores eran movidas hacia mercados internacionales a través de la exportación, más que en los comercios locales. A este sector, para el caso puntual de Santa Elena, se suman las familias silleteras, que no son sólo los participantes del Desfile de Silleteros cada año sino otros pobladores con tradición cultivadora y agricultora y que, antes de esta contingencia, vendían sus productos en plazas, parques, atrios de iglesias, cementerios, la Placita de Flórez o caminando por los barrios de Medellín.
A pesar del espacio en el mapa, de la brecha en calidad de vida que debe irse cerrando y de la necesidad de garantizar soberanía alimentaria para la ciudad teniendo como base la producción agrícola de nuestros corregimientos, el sector campesino es uno de los rubros con menos recurso en el Plan de Desarrollo de Medellín. Puede decirse que ha sido un sector ‘cenicienta’, al que los gobiernos locales no le han puesto mucha atención. Para ilustrar más el caso, sólo ver la propuesta de inversión para el cuatrienio (2020-2023) destinada a los corregimientos en el Plan de Desarrollo 2020-2023 Medellín Futuro (PDM), el cual está en formulación, con un monto de apenas el 0,23% del total de todo el presupuesto del Municipio de Medellín. Y es irrisorio, porque no sólo no permite mejorar las condiciones de vida de los campesinos, sino que no reconoce su valor como artífices del desarrollo local y de la soberanía alimentaria de la ciudad, tan necesaria a partir de esta contingencia.

¿Qué habría sido de la ciudad en esta contigencia sin el alimento producido por nuestros campesinos? Foto tomada en la Plaza Minorista de Medellín, en marzo de 2019.

Ajustes necesarios al PDM
Antes del Covid19, algunas organizaciones de la ciudad habían solicitado reconsiderar ese presupuesto en el PDM para los corregimientos. A partir de lo acaecido con el virus y la urgente necesidad de volver a mirar el campo, sus productos y su gente, se hace indispensable no sólo aumentar el presupuesto sino cambiar los énfasis y enfoques de las líneas estratégicas del Plan de Desarrollo 2020-2023. Ese es el llamado que hacen hoy las comunidades rurales de Medellín, cuando el anteproyecto de PDM empezará trámite de análisis por parte del Concejo de Medellín, una vez entregado el concepto del Consejo Territorial de Planeación (CTP), el pasado 31 de marzo.
Una de esas entidades es la Corporación Penca de Sábila, que ha participado en la formulación del Distrito Rural Campesino (DRC), que ya fue creado mediante Resolución 201950118486 de 2019. Estas son algunas de ellas:

  • Implementar el DRC, que apenas fue aprobado a finales de 2019.
  • Definición y puesta en marcha de un estatuto tributario especial para la ruralidad.
  • Garantizar el acceso equitativo a los recursos del desarrollo de la ciudad en las 54 veredas de los cinco corregimientos de Medellín.
  • Desarrollar un programa de cultura, identidades contemporáneas y territorio, con perspectiva de género, generaciones, diversidades y cultura campesina en las veredas de Medellín.
  • Implementar medidas que garanticen vigilancia, control y seguridad social y territorial
  • Desarrollo de un plan vial para la ruralidad que garantice la movilidad social y productiva
  • Sostenibilidad en los territorios rurales, descrita como conservación y protección de ecosistemas estratégicos, sostenibilidad del hábitat rural campesino del DRC y regulación de los procesos de ocupación y poblamiento de la ruralidad.
Casa de un agricultor del Corregimiento de San Antonio de Prado, 2018.

Medidas especiales
Sobre el panorama que nos presenta la contingencia por el Covid19, Penca de Sábila plantea que “sin lugar a dudas, los alimentos producidos por campesinos y campesinas de los Corregimientos de Medellín, dada la cercanía con la ciudad (alimentos 0 kilómetros), son una alternativa de soberanía alimentaria”. Y agrega que tener la producción tan cerca, representa una alternativa de primer orden para evitar el desabastecimiento. La entidad señala, además, que “Los mercados campesinos impulsados por la Alcaldía de Medellín no favorecen a más de 200 campesinos productores, siendo que hay aproximadamente entre 10 mil a 12 mil familias campesinas en las cerca de 11 mil hectáreas que tiene el Distrito Rural Campesino del municipio”. Enfatiza que este es momento para que el gobierno local voltee la mirada hacia la producción de alimentos en pequeñas parcelas y proteja de manera decidida los derechos de los campesinos, tal cual lo señala la Carta de los Derechos de los Campesinos aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 18 de diciembre de 2018.
De igual manera y a propósito del Covid19, Penca de Sábila llama la atención a la Administración Municipal para que se “generen medidas especiales de atención a los riesgos de salud generados en la actual emergencia. La comunidad campesina de las 54 veredas adolece de infraestructura, personal médico y centros de salud que canalicen el riesgo que están asumiendo al distribuir alimentos para la ciudad”.

Alternativas que surgen
Muchas son las necesidades, pero también han surgido opciones para apoyar la comercialización de los productores locales como una especie de salvavidas en medio de la crisis generada por el Covid19. En el corregimiento, recientemente se creó Conecta Santa Elena, alianza de varias organizaciones, que ha generado lazos y posibilidades de conexión entre los agricultores y la comunidad para que puedan ser comercializados sus productos sin intermediarios y a mejores precios. Hay más propuestas en camino, especialmente una para potenciar la agricultura local y apoyar el fortalecimiento a los agricultores tradicionales con el fin de garantizar el incremento de alimentos en el corregimiento y hacia la ciudad. Puede leer más sobre qué es Conecta Santa Elena: http://www.viviendosantaelena.co/conecta-santa-elena-sigue-uniendo-los-corazones-del-territorio/

Por su parte, la Alcaldía de Medellín ha comprado más de 150 toneladas de producción agrícola a los participantes de los Mercados Campesinos, con el fin de distribuirlas en los programas y servicios que ofrece la Administración Municipal para las personas y familias vulnerables durante este tiempo de contingencia. Planea también la puesta en marcha de una plataforma de comercio local que permita adquirir los productos de nuestros agricultores, productores y transformadores utilizando las nuevas tecnologías.
En cuanto a los floricultores, la Corporación de Silleteros de Santa Elena, COSSE, informó este 13 de abril mediante comunicado que, con el apoyo de la Secretaría de Cultura Ciudadana, se elaboran 10 silletas (cinco monumentales y cinco emblemáticas) con el fin de dinamizar la economía de los floricultores afectada por la emergencia. Para ello, la COSSE comprará las flores y los follajes a 30 floricultores del corregimiento, los recogerá con todas las medidas de bioseguridad recomendadas y los entregará a los 10 silleteros que elaborarán las silletas, a quienes se les pagará solamente la mano de obra y elementos como dibujo, pintura, pega y araucaria. Informó la corporación que los recursos generados con estas silletas se destinarán a apoyar a los silleteros que tengan dificultades para sobrellevar esta emergencia, pues los recursos del Fondo de Solidaridad son limitados.
De igual manera, la Alcaldía de Envigado, a través de las secretarías de Medio Ambiente y Desarrollo Agropecuario y de Desarrollo Económico, apoyó la promoción, solicitud de pedidos y entrega flores a los más de 70 funcionarios de la Administración Municipal y ciudadanos que se sumaron al llamado para llenar sus casas con las flores cultivadas en el municipio. Los pedidos, que beneficiaron, entre otros, a campesinos de las veredas Perico y Pantanillo, fueron entregados con apoyo de la Secretaría General.
La crisis nos ha puesto a pensar de nuevo en el campo y su gente. Lo importante no es sólo apoyarlos durante la contingencia. El sector rural de la ciudad merece políticas claras, contundentes y sobre todo con presupuesto visible y considerable en el PDM y en las políticas públicas de la ciudad. Sin eso, será imposible cerrar la brecha.

Distribución de flores compradas a los floricultores de Envigado. Foto Cortesía Alcaldía de Envigado.
Foto Cortesía Alcaldía de Envigado.
El sector de los floricultores es uno de los más golpeados con esta emergencia, pues con el cierre de fronteras y de aeropuertos se frenan todas las exportaciones. Foto Cortesía Alcaldía de Envigado.
Foto Cortesía Alcaldía de Envigado.

*Medio de comunicación del Corregimiento de Santa Elena, con 20 años de trayectoria periodística. Un aporte a la visión integral del corregimiento.

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