Hoy la patria me permite sentir dolor

Por Wilmar Andrés Gutiérrez Ortiz*

Curso de Géneros Periodísticos, Programa de Comunicación Social, Universidad Católica Luis Amigó. Este ejercicio de escritura de artículos de opinión fue acompañado por la docente Diana Carolina Zapata Vallejo.

La cotidianidad hoy se viste de amarillo como el sol y la esperanza que no veo, azul como el mar o el cielo donde ni siquiera las aves pueden volar con libertad, y por supuesto de rojo, rojo sangre, rojo pasión y rojo ira. Levantarme sin fuerzas, estirar y mover de un lado a otro mi cabeza como quien no quiere la cosa, suspirar por la mala noche, desbloquear el celular, revisar las redes sociales y encontrarme con mensajes de mis amigos diciendo que se sienten abrumados, que sienten miedo, que sienten tristeza por la situación que atraviesa nuestro país, o mensajes en Facebook como «si un pueblo sale a protestar en medio de una pandemia, es porque el gobierno es más peligroso que el virus», no son los mensajes, ni las mañanas con las que quisiera empezar mi día.
Hace un año era solamente un virus rondando por las calles y mezclándose con el aire que respiramos. A eso hoy se le suma la ira de un pueblo que se mezcla también con nuestro ADN sin importar la ideología política, ciudadanos que al poner entre una balanza el estar en casa resguardados y protegidos del virus o salir a marchar, eligen la protesta como prioridad. Un pueblo que se moviliza por las calles desde el día 28 de abril reclamando sus derechos y gritando con rabia y con todas las fuerzas que a mí me faltan hoy y que a ellos les sobra, que la situación de Colombia debe cambiar. Y no con reformas tributarias disfrazadas con nombres de esperanza como “Ley de Solidaridad Sostenible”, que propuso el señor Alberto Carrasquilla, quien debido a las movilizaciones presentó su carta de renuncia el pasado lunes 3 de mayo al puesto de ministro de hacienda. Tampoco como reflejo de la falta de empatía y de conocimiento de nuestros mandatarios, como el señor presidente Iván Duque Márquez que comunicó en una alocución presidencial que daba una recompensa de $10 millones para quien brinde información que permita la captura de los “vándalos”, restándole importancia así a la realidad de las problemáticas que vivimos los colombianos y los motivos principales de las manifestaciones.
Una realidad de pobreza, que según el DANE, nos dice que 2,4 millones de hogares en nuestro país ya no comen tres veces al día, una realidad que muestra la falta de oportunidades y cifras desalentadoras como que actualmente 3,9 millones de colombianos no tienen un empleo y por ende no tienen recursos para vivir o al menos tratar de sobrevivir. Todo esto en un país donde estudiar es el privilegio de algunos pocos, como usted, como yo o como aquel, o la indiferencia de nuestros líderes ante la situación en la que viven millones de campesinos donde su educación no es igual de importante al techo y a su sustento diario.
Hoy no tengo fuerzas, hoy quiero llorar por mi hermana que no ha podido trabajar porque el lugar donde labora está cerrado debido a las restricciones, quiero estar triste porque según registros de la Defensoría del Pueblo en Colombia durante los días que llevamos de la protesta social van 19 personas fallecidas, y por mí, que no puedo salir a la calle a manifestarme por temor a regresar con un virus que afecte a mi mamá, por mí, que tengo que trabajar y estudiar, porque no me puedo dar el lujo solamente de estudiar. Hoy me permito sentir dolor, estar furioso y no hacerme el fuerte, tal vez mañana sea un mejor día para mí y para todos los colombianos.

*Estudiante de segundo semestre de Comunicación Social en la Universidad Católica Luis Amigó.

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