Renace El Monasterio del nuevo tiempo

Ocho años estuvo El Monasterio en la parte central, justo en la entrada al corazón de Santa Elena, pero el impacto generado por las grietas en esa zona del corregimiento fue tan fuerte – y definitivo- que no sólo afectó algunas construcciones y la iglesia, sino que obligó a los creadores de El Monasterio a reinventarse después de negarse, resistirse, aceptar y hacer un duelo, como se dice, con todas las de la ley. Así lo cuenta hoy Ana Fierro, la creadora artística del concepto Monasterio, tanto físico como gastronómico, ya con una sonrisa y advierte que el proceso no fue fácil, algo doloroso y de mucha transformación. Junto con Irma Lucía y Saúl Gálvez, artífices del lugar, empezaron a ver cómo se acercaba la salida de la parte central sin querer aceptarlo. “Estábamos Ad portas de Semana Santa, temporada alta para nosotros, ya estábamos alerta con toda la producción y la planeación listas, pero la noticia fue llegando paulatinamente y no nos habíamos dado por aludidos. Primero la iglesia y las casas de la Familia Hincapié, pero no pensamos que fuera tan grave, empezaron las averías, a caer agua en la cocina, las empleadas empezaron a alarmarse, pero el administrador, Saúl, no caí en cuenta y más bien se hacía el loco con el tema. Yo me empecé a alarmar, entre otras ya había soñado con nuevos lugares y en el sueño me decían que era para el ‘Nuevo Monasterio’, entonces de alguna forma yo intuía que tendríamos que irnos de ese lugar. Luego vino el Dagrd, nos empezó a apoyar porque yo vivía en el segundo piso del local, nos mandó un sicólogo y, para salir de la duda yo le pregunté si ellos cerrarían o no y él simplemente dijo, ‘es que ya está la orden de evacuación’. Eso fue sin anestesia, pleno Martes Santo de 2018. Aún así, el administrador todavía se resistía, pero fueron la cinta amarilla que pusieron para el cierre, la orden de evacuación y la advertencia de que cualquier incidente a partir de ahí era responsabilidad nuestra, los que realmente nos hicieron entender que ya, que nos íbamos”, cuenta Ana. De distintas maneras, los tres entraron en shock, continúa su relato. “Yo lamentaba la muerte de mi proyecto artístico de vida, Irma pensaba en que se moría El Monasterio con todo lo que representaba y el administrador pensaba en la inversión”.
Sin embargo, la tristeza de salir no concluía ese 27 de marzo. Para rematar, el 2 de mayo fue robada la campana que abría el lugar y que había permanecido allí luego de la orden de desalojo emitida por el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres -DAGRD-. Y en ese punto, como que ya no había nada qué hacer. Los tres entendieron que la invitación era a renovarse, a reinventarse, a renacer y así lo hicieron.

Hacia un cambio

Lo duro fue contarles a los clientes del cambio. “Veníamos muy posicionados desde finales de 2017 cuando participamos en Pizza Master. La gente no se imaginaba que pudiera probar una exquisita pizza en Santa Elena, pero subían a degustarla por aquella competencia y se encontraban con otra cosa, una experiencia casi mística. Recibimos mucho reconocimiento por esos días y esas personas se enamoraron para siempre del lugar. Nos decían ‘Hay mucha nostalgia en el ambiente sin El Monasterio’, los mensajes de apoyo y de todo lo que nos extrañaban, en redes, por correo, por WhatsApp, eran hermosos”, afirma Irma Lucía.
Y ahí empezaron una carrera loca, como ellos lo cuentan, hacia la búsqueda del nuevo Monasterio. Primero se empeñaron en buscar un lugar más grande, para mantener el concepto, con un enorme parqueadero para atender a esa marea humana de gente que así se los reclamaba. Llegaron hasta a concretar un sitio en la entrada a Santa Elena, donde embodegaron todos los enseres y empezaron pensar cómo sería. “Hasta publicidad teníamos ya, pero eso, sin saberlo y sin haberlo conversado entre nosotros, contradecía los deseos más profundos de cada uno pero no nos habíamos dado cuenta”, dice Ana. Luego cada uno empezó, a su manera, a decir que no quería trasnochar -Saúl-, que deseaba dedicarse a sus terapias – Irma Lucía- y que no quería ser ‘esclava de la cocina – Ana-. “Toda la filosofía estaba detrás del otro Monasterio, pero cogió tanta fuerza el tema del alimento, del sabor, de la atmósfera que se desvirtuó lo otro y ya no había tiempo sino para estar en el día a día, produciendo. No teníamos tiempo ni de pensar ni de redireccionar y fue ahí que agradecimos lo que ocurrió, dimos gracias a la vida que nos desbarató la propuesta para replantear el lugar y, de paso, la vida de cada uno. La familia también nos dijo que no nos querían ver en una gran empresa, que nos redujéramos, en un lugar pequeño donde pudiéramos hacer las transformaciones que deseábamos, pero ya sin sufrimiento, sin trasnocho, sin acelere”, cuentan los tres.

Un sueño, literal

Y si uno cree en los sueños, esos que vive al dormir cada noche, todo le llega. Para Ana, Irma Lucía y Saúl, la nueva idea llegó a través de sueños que fueron armando como una especie de rompecabezas, con detalles, con nombres, con señales, atentos a los símbolos. Ellos afirman que supieron leerlos y eso los llevó al lugar donde hoy está asentado El Monasterio del Nuevo Tiempo, que reanudó labores a finales de octubre de 2018. Irma Lucía y Saúl ya vivían antes en esta zona de Piedra Gorda y poco a poco la nueva idea fue tomando forma justo ahí, un bello lote que pertenece a La Montaña Mágica y que también conecta con la magia que ha creado Blanca Pineda en aquel lugar.
De lo que era, quedan algunas cosas. El Monasterio fue un lugar inicialmente creado con el concepto de ser alimento para el espíritu, tal como lo dice su eslogan. Todo esto acompañado de un ambiente monacal, un estilo algo medieval y con una clara oferta gastronómica cuya especialidad era la pizza artesanal en leña. Con el remezón de marzo, una parte de la propuesta cambió. Ya no permanece abierto de manera permanente, sólo se abre bajo reserva, la carta con la amplia oferta para degustar ya no existe como tal y las opciones se definen con los clientes, según la experiencia que quieran manifestar. Conservan tres opciones principales que son cazuela, lasaña que cambia de acuerdo con los productos que haya en cosecha y la pizza que la están reinventando, dicen. Ya no hay carta y lo mismo para las bebidas, la especialidad es un té de frutos rojos y especias, vinos y más bien lo que se pueda concertar entre ellos y los clientes. Y las actividades van desde ágapes y todo tipo de celebraciones, entre las más especiales ‘cumpleaños con sentido’ hasta ecoterapias y sesiones holísticas, ecopaseos para quien solo tiene dos horas de desconexión, la posibilidad de ser ermitaño por un día, entre otras y todas las que ellos llaman ‘Experiencias Monasterio’.
“Es un lugar bajo reserva, es alimento y gastronomía intuitiva, ya no respondemos al volumen. Esta nueva idea se hace en armonía, son eventos puntuales y así creemos que el alimento está cargado de otras energías, más allá de una fórmula. Para esta opción, los clientes pueden venir a vivir su experiencia, sin embargo, el alimento no es indispensable, es opcional”, señalan.
“Lo más importante ahora es que queremos centrarnos en algo que deje huella, no es la cantidad sino la calidad que se lleve en su corazón cada persona que nos visite”, dicen.

Acompañamiento de la Alcaldía de Medellín

Medellín Sabores y Saberes es un proyecto que busca fortalecer la oferta gastronómica tradicional de la ciudad, con el fin de satisfacer las necesidades de los visitantes y rescatar las tradiciones culinarias de la ciudad, para lograr una apropiación y un reconocimiento por parte de todos los medellinenses y demás visitantes.
Desde la Secretaría de Desarrollo Económico de la Alcaldía de Medellín se pretende mantener vivas las tradiciones gastronómicas populares de la ciudad, articulándolas a toda la oferta turística. “Ver a estos emprendedores entusiasmados, mostrando y vendiendo sus productos y creyendo en lo que hacen es muy importante para nosotros porque eso quiere decir que vamos por el camino correcto y que estos negocios se posicionan cada año, no sólo para mostrar lo mejor de nuestra gastronomía sino también lo mejor del talento de nuestra gente” destacó María Fernanda Galeano Rojo, secretaria de Desarrollo Económico de la Alcaldía de Medellín.

 

Tradición y Sabor
Ficha técnica
Nombre El Monasterio del Nuevo Tiempo
Eslogan Deleite para el Espíritu
Ubicación Vereda Piedra Gorda, unos metros debajo de La Montaña Mágica
Oferta gastronómica Comida casera y gourmet, con influencia oriental e italiana y en concertación con los clientes
Horario de atención Bajo reserva
Precios Entre $30.000 y $70.000 por persona, según la experiencia que escoja
Datos de contacto 300 665 25 53 – 034 566 48 75

elmonasteriocafecultural@gmail.com

 

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